me lo lees?

El español tiene muchas variantes. Considerando que, tal y como descubrió Chomsky, el idioma es el primer puzzle que resolvemos, la forma en la que hablamos el español da muchas pistas sobre la forma en la que pensamos.

El español boliviano es muy diferente al español que hablamos allá en Guatemala, y no solo es por el acento, existen muchas diferencias sintácticas! Consideremos, por ejemplo, la palabra “pero”: en Guatemala, se usa sólamente como conector y al principio de la oración que está conectando:

– Levántate! es hora de ir al colegio
-> pero no quiero ir :'(

En cambio, un boliviano hablaría este diálogo así:

– Levántate! es hora de ir al colegio
-> pero! :'(
o también: no quiero ir, pero :'(

En bolivia la palabra “pero” es como una queja, como una palabra que puede ser usada de manera aislada de la escusa.

Encuentro estas diferencias muy interesantes, porque el español boliviano está fuertemente influenciado por sus ancestros nativos. Entendiendo estas diferencias, podemos darnos cuenta de cosas que nuestros ancestros consideraban tan importantes, usuales y naturales, como para necesitar crear un sonido para expresarlas con frecuencia.

Nosotros heredamos estos modos de hablar, tal y como se hereda una herramienta, y estas ideas ancestrales persisten en nosotros y nos permiten transmitir sentimientos complejos que, de no ser por la “corrupción” del lenguaje original, se habrían perdido para siempre.

Pero mi “corrupción del lenguaje” favorita, es la anteposición de “me” a ciertas oraciones imperativas. Por ejemplo: “me lo vas a cuidar”, “me lo vas a llevar”, “me lo vas a dar comida”.

En las oraciones imperativas, observamos a tres actores principales: el que recibe la orden “el oyente”, el que da la orden “el autor” y la acción que se comanda, le llamaremos “la orden”.

Yo veo a esta corrupción del lenguaje, sintácticamente hablando, como si la orden fuera propiedad del autor, y da a conocer un lazo afectivo entre el autor y la orden, que hacen que el oyente transfiera un poco del aprecio que siente por el autor hacia la orden.

Es como decirle, de una forma corta: “es mío, así que cuídalo”, o “hazlo por mi”, o “ya sea que decidas obedecer o desobedecer mi orden, también me va a afectar a mi, de una forma personal.”.

Podría nombrar otra gran cantidad de diferencias sintácticas entre el español que yo hablaba en Guatemala, y el español que hablamos aquí, pero sólamente quería compartir mis experiencias con esta última corrupción del lenguaje, así que… es todo… Chau, se me van a cuidar!