“El dinosaurio” de Monterroso

Hace unos días, leí el minicuento “El dinosaurio” de Monterroso… y quería compartir mi interpretación ·w·

En realidad, es como un minicuento, sobre un minicuento… un “spinoff” que escribí hoy, espero que les guste ^w^ …


El sol brillaba con fuerza en el cielo púrpura de seda, Toby: un pequeño zorro, corría desesperado por el césped plateado. “El lápiz!” exclamaba… “El lápiz dorado de papá, lo puse en mi bolsillo la noche anterior, pero ya no está… ha desaparecido!”.

Corrió en círculos, con su nariz por los suelos, con la esperanza de captar algún olor que le ayudara a encontrar aquel lápiz que había perdido, corrió y corrió, olfateando frenéticamente, pero no pudo encontrar el lápiz: ¡había desaparecido!.

Finalmente, y con los ojos cubiertos en lágrimas, Toby se sentó en el piso, suspiró profundamente, y se puso a llorar. “¡El lápiz!” se lamentaba, “El lápiz dorado de papá, lo puse en mi bolsillo anoche, pero ya no está… ¡ha desaparecido!”.

Un dinosaurio salió de los arbustos de chocolate y malvaviscos, atraído por los sollozos del cachorro. “Toby ¿por qué lloras?” preguntó el dinosaurio con una voz suave.

“¡El lápiz!”, respondió el pequeño, “El lápiz dorado de papá, lo puse en mi bolsillo anoche, pero ya no está… ¡ha desaparecido!”.

El dinosaurio, confundido, le respondió “Tranquilo, Toby… no llores, encontraremos el lápiz”, Toby se tranquilizó, y entre sollozos le preguntó “tú me ayudarás a encontrarlo?” “sí” respondió el dinosaurio, “pero solo podré ayudarte si dejas de llorar y piensas con claridad”.

Aún sentados en el pasto, Toby y el dinosaurio se preparaban para comenzar una hermosa aventura llena de dulces y colores.

“Dime” dijo el dinosaurio… “cuándo fue la última vez que viste el lápiz dorado?”. Toby se secó las lágrimas con su cola, y respondió “siempre que dejo de usar el lápiz dorado, lo pongo en mi bolsillo, pero ya no está… ¡ha desaparecido!”. Los ojos de Toby se volvieron a llenar de lágrimas.

“Toby, no encontraremos el lápiz si sigues llorando”, dijo el dinosaurio pacientemente, “… talvez esta vez no lo pusiste en tu bolsillo, talvez esta vez, ¡olvidaste guardarlo en tu bolsillo! ¿cuándo fue la última vez que usaste el lápiz dorado?”. Toby se volvió a secar las lagrimas, esta vez con su pata… y pensó durante unos segundos…. “ah! ya lo recuerdo!” exclamó “estaba haciendo un retrato de una flor!”.

El dinosaurio vio a su alrededor, y dijo “no veo ninguna flor por aquí, de qué color era?”. Toby cerró los ojos con fuerza, intentando recordar… “ah!”, exclamó, después de unos segundos “ya lo recuerdo… era una flor amarilla”. Los ojos del dinosaurio brillaron de felicidad “¡conozco una flor amarilla! Está en la cima de la montaña de helado de chocolate!”

Caminaron por el césped plateado durante horas, y finalmente, llegaron a la montaña de helado de chocolate, estaba nevando y hacía frío, pero esto no detuvo a Toby y a su nuevo amigo, quienes caminaron hacia la cima, impulsados por la esperanza de encontrar aquel lápiz dorado.

El frío se hacía cada vez más intenso, a medida que se acercaban a la cima. Cuando por fin llegaron, “¡allí está!” dijo el dinosaurio, con sus brazos extendidos, y una sonrisa en su rostro.

Toby se acercó para examinar la flor, la olfateó, le dio una lamida, se volvió a alejar, ladeó su cabeza confundido… ¡esa no era la flor que él estaba dibujando! sus ojos se llenaron de lágrimas, se sentó en la montaña helada, y comenzó a llorar.

“¡Esta no es la flor que estaba dibujando!” se quejó… “¡esta flor huele a vainilla, y sabe a almendras! ¡la flor que yo dibujé, olía a tulipanes, y tenía un sabor amargo!”, dijo, mientras lloraba “¡el lápiz dorado de papá debería estar aquí! anoche estaba dibujando una flor amarilla con él, pero ya no está… ¡ha desaparecido!”.

El dinosaurio se acercó a Toby, preocupado, se sentó a su lado, y le dijo “tranquilo Toby… no llores… tranquilo” puso su brazo sobre el hombro de Toby, “no podremos encontrar el lápiz dorado si sigues llorando” dijo, pacientemente, “solo puedo ayudarte si te tranquilizas y piensas con claridad” le recordó.

Toby sollozó, intentando tranquilizarse. “Recuerdo que, antes de ponerme a dibujar, abrí la ventana, para ver el jardín”, dijo Toby, entre sollozos. “ajá! una ventana!” exclamó el dinosaurio, “sólamente conozco una ventana en todo este lugar, y está en la casa del astrónomo”, dijo el dinosaurio.

Una sonrisa de esperanza surgió de los labios del cachorro, quien se limpió las lágrimas y se puso de pié “vamos! vamos!” insistió.

Juntos, los dos amigos, bajaron de la montaña de helado de chocolate, para encontrarse de nuevo, con el hermoso césped plateado. Corrían con velocidad, mientras el sol se ocultaba en el hermoso cielo de seda púrpura. Después de correr durante varias horas, llegaron a la casa del astrónomo, tocaron la puerta con insistencia, y luego de unos segundos, un anciano sonriente, vestido con una bata blanca, abrió la puerta. ¡Era él, el astrónomo!

Toby y el dinosaurio, saludaron educadamente al astrónomo. “¡veo que tienes un nuevo amigo!” dijo el astrónomo al dinosaurio… “sí!” dijo el dinosaurio “está en problemas, y necesita mi ayuda… y también la tuya”, el astrónomo, sorprendido, le preguntó al dinosaurio “cómo puedo ayudarles?”, “Necesitamos ver tu ventana” respondió el dinosaurio.

El anciano los condujo através de una escalera en espiral al piso superior de su casa, y justo al lado de un telescopio de cristal, vieron una hermosa ventana redonda y grande.

“¡Allí está!” dijo el dinosurio, con sus brazos extendidos, y una sonrisa en su rostro.

Toby se acercó para examinar la ventana, olfateó el marco, acarició la cortina de la ventana, hecha con algodón de azucar, se volvió a alejar, ladeó su cabeza, confundido… ¡esa no era la ventana que había abierto antes de ponerse a dibujar! sus ojos se llenaron de lágrimas, se sentó en el piso de madera de la habitación, y comenzó a llorar.

“¡Esta no es la ventana que abrí la noche anterior!” se quejó… “¡esta ventana es redonda, y sus cortinas son dulces y acarameladas! la ventana que yo abrí, era cuadrada, y sus cortinas estaban hechas con algodón de lana” dijo, mientras lloraba “¡el lápiz dorado de papá debería estar aquí! anoche abrí la ventana para dibujar con él, una flor amarilla que estaba en el jardín, pero ya no está… ¡ha desaparecido!”.

El dinosaurio se acercó a Toby, preocupado, se sentó a su lado, y le dijo “tranquilo Toby… no llores.. tranquilo” puso su brazo sobre el hombro de Toby, “no podremos encontrar el lápiz dorado si sigues llorando” dijo, pacientemente, “solo puedo ayudarte si te tranquilizas y piensas con claridad”, le recordó.

Toby sollozó, intentando tranquilizarse. “Recuerdo que antes de abrir la ventana, puse el lápiz dorado sobre un escritorio… ” los ojos del cachorro brillaron de felicidad “¡ah! ¡ya lo recuerdo! ¡el lápiz dorado de papá está sobre ese escritorio!”.

“¡tenemos que ver a la señora castora!” exclamó el dinosaurio, “ella es la única, en todo este lugar, que tiene un escritorio… ¡lo ha construído con sus propias manos!”.

De nuevo, los dos amigos, corrieron por el césped plateado, el cielo púrpura, comenzó a oscureserce. Finalmente, llegaron a un río de miel, en el que varios castores construían una represa de chocolate.

Se adentraron en el bosque de árboles de chocolate y entraron en una pequeña madriguera, construída al pié de uno de los árboles, y allí estaba: un hermoso escritorio café.

“¡Allí está!” dijo el dinosaurio, con sus brazos extendidos, y una sonrisa en su rostro.

Toby se acercó para examinar el escritorio, olfateó las largas patas de la mesa, y les dio una lamida, se volvió a alejar, ladeó su cabeza, confundido… ¡ese no era el escritorio sobre el que había dejado el lápiz antes de abrir la ventana! sus ojos se llenaron de lágrimas, se sentó en el piso de la madriguera, e intentó contener su llanto.

Su amigo, el dinosaurio, comprendió que ese no era el escritorio que Toby buscaba. “Este no es el escritorio sobre el que dejé el lápiz dorado de papá!” dijo Toby, a punto de llorar… “el escritorio sobre el que lo dejé, era de madera de roble, pero este está hecho de chocolate”, lloriqueó.

El dinosaurio estaba muy preocupado, porque ya no sabía cómo ayudar a su amigo: se había quedado sin ideas. “Lo siento mucho, Toby”, dijo el dinosaurio, “pero todas las flores de este lugar, huelen a vainilla, y tienen sabor a almendras… nunca supe de una flor que oliera a tulipanes, y cuyo sabor fuera amargo”, se lamentó…

“la única ventana que existe en este lugar, es redonda, y toda la tela de este lugar, está hecha con algodón de azucar… nunca escuché de ninguna tela que fuera hecha con algodón de oveja”, le explicó.

“y el único escritorio que existe en este lugar, está hecho de chocolate… no me imagino cómo alguien podría construir un escritorio con madera de roble”, dijo el dinosaurio, “lo siento mucho, Toby”.

Toby se puso de pié, y dijo: “es verdad, aquí todo es de caramelo… este lugar es demasiado extraño”, se llevó la pata a la barbilla, y finalmente, exclamó “¡Esto es un sueño! no puedo encontrar el lápiz dorado de papá, porque no está aquí, está en el mundo real… solo cuando esté allí, encontraré el escritorio de madera de roble, frente a esa ventana cuadrada adornada con cortinas de lana de oveja, frente al jardín con aquella hermosa flor amarilla, y en ese escritorio, estará el lápiz dorado de papá”.

El dinosaurio saltó de felicidad “bien hecho, Toby!”, le felicitó, “¡resolviste el problema! ahora solo debes despertar”.

Toby calló por unos segundos, y finalmente, y con los ojos llenos de lágrimas, “Tú me ayudaste a encontrar el lápiz dorado de papá, sin tí, nunca lo habría encontrado. Me divertí mucho contigo… pero, cuando despierte, tú habrás desaparecido, porque sólamente eres parte de mi sueño, no quiero perderte a tí también”, lloró el cachorro.

El dinosaurio respondió: “No… no voy a desaparecer, porque siempre que encuentres la calma, y logres pensar con claridad, incluso en las situaciones más complicadas, yo siempre estaré allí, susurrando a tu oído. Yo soy tan real, como tus recuerdos.”.

Las palabras se fueron apagando, poco a poco, y Toby sintió cómo sus piés se elevaban del hermoso piso plateado. Pudo sentir cómo su cuerpo se elevaba más y más, podía observar, a lo lejos, el bosque de chocolate, al norte, veía la casita del astrónomo con aquella hermosa ventana redonda… y más allá, la montaña de helado de chocolate, aún cubierta de nieve.

Lentamente, se elevó, hasta que todo el paisaje se perdió de vista, y su cuerpo se posó delicadamente en una cama suave de terciopelo. Sus ojos se abrieron lentamente.

“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.

FIN”

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